Opinión

España avanza, ¿hacia dónde?

El pasado 27 de noviembre, el PSOE presentaba su nueva imagen corporativa bajo el lema «España Avanza», incorporando la bandera nacional. La decisión se tomó en el inicio de la nueva legislatura y en medio de tensiones por la ley de amnistía y pactos con el independentismo.

El lema ya se usó durante las elecciones generales y la formación del Gobierno de coalición. Ahora, con la bandera española, se muestra en comunicaciones oficiales y redes sociales, marcando un cambio frente al anterior «Siempre adelante».

Si analizamos el claim publicitario con detenimiento, el uso de un verbo intransitivo como avanzar da lugar a mucho juego. Ya que si bien es cierto que según la Real Academia Española de la Lengua, avanzar significa ir hacia adelante.

Avanzar, una palabra que resuena con un eco de posibilidades infinitas. Nos invita a imaginar un camino que se extiende más allá de nuestro horizonte, un sendero que lleva consigo el peso de decisiones, elecciones y el misterio del futuro. Sin embargo, en este juego de dualidades, avanzar no siempre es sinónimo de triunfo o progreso positivo.

Puede ser un paso hacia el abismo, donde la oscuridad abraza cada avance con una sombra inquietante. Avanzar hacia lo desconocido puede revelar paisajes deslumbrantes, pero también puede llevarnos a la penumbra de la incertidumbre. En este viaje, la línea entre el éxito y el fracaso se convierte en un lienzo borroso, donde cada trazo se mezcla con la dualidad inherente de la existencia.

El avance puede ser una danza delicada entre la esperanza y el desencanto, donde cada paso firme coquetea con la posibilidad de un tropiezo inevitable.

En este vaivén entre posibilidades, descubrimos que avanzar no es simplemente moverse hacia adelante en el tiempo y el espacio, sino también una travesía interna. Es el arte de navegar por las aguas tumultuosas de nuestras emociones, enfrentándonos a la dualidad de la alegría y la tristeza, el éxito y el fracaso.

Quizás, Pedro Sánchez y su equipo de marketing, acostumbrados a navegar por aguas tumultuosas en los últimos tiempos, hayan visto en el verbo avanzar la posibilidad de revertir la pérdida de confianza del electorado en algo positivo, que se refuerza con la enseña nacional, es como si el equipo creativo haya querido lanzar un tajante mensaje, ahora más que nunca, somos más España, porque hemos dado cabida a todos los hijos pródigos de la democracia en nuestro gobierno. Un mensaje que no discrepa en absoluto con el argumentario esgrimido por la cúpula del PSOE y el propio gobierno en los últimos meses.

El meollo de la cuestión radica en la capacidad de este eslogan para persuadir al electorado más volátil, aquel que decide su voto según la necesidad de cambio más que por una lealtad ideológica. Mientras el claim seguramente ha encantado en la orilla socialista, en un giro curioso, incluso en las filas de la derecha podrían coincidir con los socialistas por primera vez, reconociendo que España avanza. Sin embargo, para muchos en las derechas, este «avance» de las políticas de Sánchez podría parecer más bien un paso hacia el abismo.

El público objetivo está claro, apuntando a aquellos que buscan cambios y no están atados a una ideología específica. Toda una gesta, si tenemos en cuenta que el panorama económico del 2024 se presenta sombrío para muchos de esos colectivos apolíticos que votan buscando un futuro mejor.

Sirvan de ejemplo las numerosas familias españolas, quienes se verán desafiadas por incrementos considerables en los precios de servicios básicos como electricidad, gas, agua y telefonía.

En este sentido, el ámbito de las telecomunicaciones, el año anterior marcó un quiebre en la tendencia a la baja, con un aumento del 3,5% en los servicios de telefonía en España, según el Índice de Precios de Consumo (IPC) del Instituto Nacional de Estadística (INE). Los paquetes de telefonía lideraron el encarecimiento, alcanzando un 4,6%, el máximo desde 2017. La telefonía fija también se sumó al incremento, registrando un 1,3%, desafiando así la estabilidad económica de las familias.

Las dificultades se extienden al ámbito energético, con nuevos impuestos en la factura de la luz y la pérdida de la reducción del IVA, que incrementará gradualmente del 5% al 21% a mediados de año. El impuesto especial de la electricidad, tras dos años al 0,5%, ascenderá al 5,11%, generando un 25% adicional en impuestos. Esto significa que una familia que actualmente paga 100 euros mensuales de electricidad abonará 145,61 euros al mes, 45,61 euros más que en 2023, sin considerar posibles subidas en el precio de las tarifas.

En el caso del gas, el IVA aumentará del 5% al 21% durante el año, y los suscriptores a la Tarifa de Último Recurso (TUR) para el gas natural individual enfrentarán un aumento promedio del 8,19%, representando un desafío económico para hogares y negocios.

El agua, por su parte, se suma a la escalada de precios debido a subidas de costos, sequías e inversiones municipales, pudiendo alcanzar aumentos de hasta un 30%.El transporte también añade presión económica, con un posible aumento del 4% en los peajes de autopistas.

Esta situación no solo impacta a personas vulnerables, sino también a las familias de clase media, que conforman un alto porcentaje de ese electorado, de ese target al que se quiere persuadir con el claim «España Avanza».

La pregunta que queda en el aire es si Sánchez logrará darle una vuelta a la situación sin que la tortilla se pegue a la sartén o termine estrellándose a sus pies. La incertidumbre persiste sobre la aceptación general de este mensaje, y si logrará persuadir a aquellos que buscan un liderazgo que refleje sus anhelos de cambio. ¿Y vosotros qué opináis? ¿Os convence el eslogan «España Avanza»? ¿Creéis que España está avanzando con este gobierno?

Serena Palabra

Serena Palabra es mucho más que una escritora de opinión; es una defensora incansable, una narradora de historias de resistencia y una voz poderosa que rompe barreras. Licenciada en Historia. Soltera por elección. Madre de cuatro mininos adorables. Disfruto cada amanecer en mi playa de Bolonia, me encanta terminar el día enganchada a un buen libro y explorar nuevos senderos.

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