Carnaval de Tarifa

La chirigota del Pipa deja al público malagueño «poseído» por la carcajada

Entre risas, exorcismos y bromas endiabladas, la chirigota tarifeña desata el caos cómico en el Teatro Teatinos, conquistando el carnaval malagueño con su estilo único y desvergonzado

En una noche que prometía más risas que un monólogo de Groucho Marx, el Teatro Teatinos se convirtió en el epicentro del humor con la chirigota tarifeña del Pipa, «Esta chica es un demonio». Acompañados de la melodía inconfundible de «Tubular Bells» de Mike Oldfield, el escenario se llenó de humo y sombras, como si el mismísimo diablo estuviera buscando el control remoto de la tele.

Los integrantes, con su exorcista de pacotilla y una historia que afirmaba haber pasado por prisión por una posesión de… droga (¡nunca una posesión demoníaca estuvo tan bien disfrazada!), se enfrentaron al reto de exorcizar a una niña con más malas pulgas que un gato en una tina de agua caliente.

«Este año en carnaval hay una presencia maligna, por favor, tengan cuidado con la niña del exorcista», advirtieron, como si estuvieran promocionando una película de terror de serie B.

La función comenzó con el agua bendita, que según ellos, merecía una bendición personalizada según su procedencia. «Si el agua es de Lanjarón la bendigo con el corazón, si el agua es de Fontvella la bendigo en la botella y si el agua es de Bezoya la bendigo con… ¿Con qué con qué? Con un padrenuestro», declararon, haciendo que hasta el propio H2O se sintiera especial.

Y tras la bendición del agua, nos contaron las distintas formas que adopta Lucifer, poniendo como ejemplo al niño viral que gritaba «¡Baltasar el patinete!» como si el mismísimo Baltasar hubiera optado por la movilidad eléctrica para desplazarse por el Más Allá.

Sumidos en su papel desde el primer momento, las risas del público resonaban mientras se preparaban para el primer pasodoble. Elogiaron al público malagueño, adoptando una actitud murguera con más sarcasmo que una clase de comedia avanzada, mientras que aprovecharon el piropo para criticar a esos medios de comunicación que afilan su colmillo contra las agrupaciones que vienen de fuera de la provincia. Un problema que no solo ocurre en el COAC de Málaga, sino también en el de Cádiz.

El segundo pasodoble tocó el tema del fútbol, comparando el deporte femenino y masculino con tanta sorna que hasta un árbitro hubiera sacado tarjeta amarilla por exceso de humor. Criticaron el beso de Rubiales como si fuera el acontecimiento más importante desde el descubrimiento del fuego, hasta el punto que eclipsó la verdadera noticia «la victoria en un mundial de fútbol de la selección femenina española.

Los cuplés, como es de esperar, fueron lo más parecido a bombas de humor con temporizador. Desde exorcismos con Lucifer y Leticia Sabater hasta una versión picante de la venta de esperma italiana que acabó con la prima comiéndose la muestra pensando que era un yogur, la audiencia no sabía si reír o correr a buscar un confesionario.

El popurrí comenzó con «Sufre mamón» de Hombres G, y alcanzó su clímax recordando a Juan Carlos Aragón y su credo carnavalesco. Mientras el público coreaba «chirigota, chirigota», la función llegaba a su fin, dejando en claro que el carnaval es la mejor terapia contra el aburrimiento y la seriedad.

Así, entre risas, críticas disfrazadas el Pipa llevo su arte y un buen cargamento de irreverencia tarifeña, con su chirigota «Esta chica es un demonio» que se despidió del Teatro Teatinos, llevándose consigo el premio a la mejor receta contra el mal humor.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba