Carnaval de Tarifa

La Comparsa de Tarifa regala en su regreso dos grandes pasodobles

Juan Antonio Ortiz también estuvo presente, dos manos y dos baquetas honran la memoria del compañero fallecido

La comparsa de Tarifa nos ha brindado una noche verdaderamente entrañable, como un cálido abrazo que no solo te quita el aliento, sino que también repara el alma. Su actuación desató un cóctel de emociones, combinando a la perfección un sólido oficio, evidencia de un arduo trabajo y ensayo, con un virtuosismo vocal notable, aunque en ciertos momentos se percibieron algunas octavillas un tanto excesivas.

El tipo, cargado de simbolismo, como toda esta comparsa, con redes de pesca que salpican la vestimenta de los integrantes de esta agrupación, que llevan además un calzado típico de quien trabaja la tierra, el campo. Del cuello de los comparsistas cuelga un petroglifo; una representación gráfica sobre las pinturas rupestres al aire libre. En el sombrero, fotos antiguas de Cádiz y Tarifa.

Como detalle significativo, dos manos y dos baquetas adornaron la actuación en un sentido homenaje a Juan Antonio Ortiz, cajista de la comparsa, que falleció el pasado verano en un trágico accidente laboral, pero que estuvo presente de manera vibrante en cada compás, en cada nota de las guitarras, en cada golpe de percusión, en cada palabra y en el corazón de toda la agrupación.

Con su actuación nos han llevado en un viaje en el tiempo hasta el mismísimo paraíso, ¿será porque viven allí? Presumiendo del legado histórico gaditano, en general, y del Campo de Gibraltar, en particular. ¿Quién necesita una máquina del tiempo cuando tienes una comparsa que te transporta con sus letras?

Pasamos a los pasodobles y, ¡sorpresa!, no hay piropo a Cádiz. ¿Para qué, si ya ha estado presente en la presentación? En su lugar, nos regalan dos grandes temas originales que no han dejado a nadie indiferente.

De hecho, los pasodobles han sido, con diferencia, lo mejor de la actuación de la agrupación, de matrícula de honor, por la originalidad de las temáticas abordadas y por su ejecución. El primero de ellos retrata un problema que padecen muchos municipios turísticos como Cádiz y Tarifa, la gentrificación, que concluyen con un contundente mensaje crítico hacia «el turismo de masas que te echa de tu casa».

El segundo, vellitos de punta, un auténtico viaje a la niñez del oyente, a la casa de los abuelos. Tan solo había que cerrar los ojos para ver esa casa de los abuelos hasta el punto de casi oler el puchero que se estaba preparando en la cocina. Por un momento, todo el patio de butacas se llenó de emociones y bonitos recuerdos, creando un precioso momento único con el público.

Los cuplés, más cortitos que un paseo por la playa, pero igual de refrescantes. El primero, dedicado a la inteligencia artificial con un toque picantón, y el segundo, dedicado a la moda de ir al gimnasio. Ambos aderezados con un estribillo muy romántico, dedicado a esos amores que dejan huella. ¡Vamos, que si el Carnaval fuera una telenovela, este sería el momento en el que suena la música romántica y empiezan los primeros flirteos!

Llegó el momento del popurrí, con tanto contenido que parecía un menú de degustación de un restaurante con Estrella Michelin. Los tarifeños alcanzan su punto álgido en los compases finales de la actuación, destacando especialmente la brillante ejecución de la cuerda de los tenores.

Y es que, en unos minutos, nos han llevado de viaje por la identidad fenicia, romana y andalusí, ¡un tour cultural en toda regla! Y para rematar, una versión de ‘Anda jaleo’, porque nada dice más Carnaval que un toque de Lorca.

¿Conseguirán conquistar el corazón del jurado y tener una segunda cita en Cuartos de Final? Con esos magníficos pasodobles seguro que al jurado se les ha olvidado un poco algunos detalles en su vuelta al Falla. Estaremos esperando para verlo, con pañuelos y rosas en mano.

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