Carnaval de Tarifa

Lleno absoluto en la presentación del nuevo coro «Los carrozas de la década prodigiosa»

Con el salón de la Residencia Miramar al borde del colapso, llegaba el esperado debut del «coro de Tarifa». ¡Y vaya que no defraudaron!

El bullicio era tan ensordecedor que hasta los viejos cuadros se tambaleaban en sus marcos, asombrados por la repentina invasión de «coristas» en su tranquilo salón. El «coro de Tarifa» había decidido hacer su entrada triunfal en un escenario poco convencional, proclamando a los cuatro vientos que la ciudad también podía competir en el mundillo de los coros.

Con sus sudaderas impresas con logotipos de patrocinadores y sombreros rojos como señal de identidad, este grupo de amigos y amigas parecía listo para conquistar el mundo (o al menos la plaza del Mirador). Y vaya que lo hicieron, repartiendo coplas con la misma generosidad que un vendedor de pescado en el mercado local. Ni el alcalde Pepe Santos ni los tenientes de alcaldía, Jorge Benítez y Nacho Trujillo, se salvaron de las afiladas letras de estos recién llegados.

Claro, no todo fue armonía celestial. En ciertos momentos, las voces femeninas parecían estar explorando nuevos registros, desafiando las convenciones musicales con una osadía admirable, aunque ante un público con tantas ganas de coplas y diversión quizás añadiera un encanto peculiar al conjunto del espectáculo.

Mientras tanto, el salón, más abarrotado que un vagón del metro en hora punta, se dejaba llevar por el torbellino de entusiasmo y sarcasmo que emanaba del escenario.

Este coro con aroma a callejón promete ser la nueva sensación del carnaval tarifeño, con la misma irresistible atracción que un agujero negro en el espacio-tiempo. Así que prepárense, queridos espectadores, porque el carnaval de Tarifa acaba de recibir una dosis extra de diversión y desparpajo, cortesía de estos intrépidos «coristas» que han llegado para quedarse.

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