Opinión

Piropos y micromachismos

Dicen las personas más jóvenes que quienes hemos crecido en lo que ahora denominan «sociedad heteropatriarcal» confundimos conceptos y que los piropos son micromachismos.

Pero, ¿qué son los micromachismos? Según Luis Bonino, psicoterapeuta y experto en problemáticas de la condición masculina, los micromachismos se definen como comportamientos masculinos que pretenden reforzar la superioridad del hombre sobre las mujeres.

Y un claro ejemplo para quienes defienden y aceptan esta teoría son los piropos o halagos hacia las mujeres.

Muchas personas, sobre todo aquellas nacidas en aquellos años del Baby Boom o lo que es lo mismo en plena sociedad heteropatriarcal, consideran los ‘piropos’ como expresiones halagadoras, inofensivas y hasta como cumplidos que deberían ser bien recibidos. Sin embargo, según Bonino, tras el piropo se esconde una conexión con los estándares de belleza y la presión estética, el acoso callejero, las miradas insistentes, un lenguaje sexual agresivo y, lamentablemente, en demasiadas ocasiones, situaciones de contacto no deseado y persecuciones.

Y así es como lo percibe buena parte de la sociedad, sobre todo la de edad más joven, ya que han crecido con los postulados de la ideología de género.

Entonces, ¿un piropo es un micromachismo o no? Pues dependerá de a quién se lo pregunten, porque seguramente habrá mujeres que lo considerarán un halago y otras lo considerarán una falta de respeto, y de ahí la polarización que hoy vivimos.

Porque claro no es lo mismo decirle a una mujer»se pone usted muy guapa cuando se enfada» en un tono paternal, quitándole hierro a una situación tensa sin ningún tipo de maldad que decirle a una mujer «No saquemos los dedos, que de dedos, que de dedos… que de dedos sabe usted mucho».

En el primer caso, podríamos estar hablando de un halago de una persona mayor hacia una más joven, en el segundo caso estamos ante una clara ofensa hacia una mujer, pues el comentario «de dedos sabe usted mucho» es como decirle como usted es una pajillera entiende mucho de dedos.

Pues bien el primer comentario, lo realizó el alcalde de Tarifa en el último pleno municipal en un momento en el que la concejala del PSOE se lamentaba por no poder explicar su argumentario y quienes estuvimos allí presentes pudimos ver que no hubo mala fe por parte de José Antonio Santos cuando le dijo la edil Lucía Trujillo que «se ponía más guapa cuando se enfadaba», sin embargo, el segundo comentario, lo realizó también un alcalde, en este caso del PSOE, en la localidad gaditana de San José del Valle dando a entender que su compañera en la oposición, la concejala de AxSí era una pajillera.

Cualquiera simple vista, se llevaría las manos a la cabeza de la barbaridad espetada por Antonio González Carretero hacia la edil andalucista Yolanda Aceituno el pasado 29 de diciembre durante un pleno municipal. Sin embargo, hasta la fecha, ni el alcalde ha pedido disculpas, ni tampoco lo ha hecho la formación socialista local, ni ha dimitido.

Una reacción completamente contraria a la del alcalde de Tarifa, que según ha podido saber este periódico, se puso en contacto con la edil Lucía Trujillo, tras comprobar que su comentario no había sido de su agrado para disculparse el mismo día que tuvo lugar el pleno.

Dos actitudes diferentes ante dos situaciones tildadas de micromachismo pero que no tienen la misma gravedad, al menos a los ojos de quién escribe, que por su edad, ha crecido en una sociedad heteropatriarcal en la que un halago o cumplido eran bien recibidos, o un comentario como el del alcalde en un momento de tensión se agradecían y no se le veía maldad alguna.

Lo que está claro, es que en aquella sociedad heteropratiarcal a ningún político se le ocurría insinuar que una mujer era poco más o menos que una pajillera, y ante esto, algunos me responderán diciendo que en aquella época no había mujeres en la política. Pero aceptando «pulpo como animal de compañía» no recuerdo haber oído algo semejante hacia una mujer en aquellos maravillosos años.

Ahora vivimos en la era de la crispación y no paran de repetirnos que las cosas han cambiado, pero lo que no podemos permitir es meter a todo el mundo en el mismo saco, o agarrarnos a un clavo ardiendo para manchar la imagen de una persona y tirarla por los suelos. Todo mi apoyo al alcalde de Tarifa y a la concejala de San José del Valle que aún sigue esperando que alguien se disculpe con ella.

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